La crisis climática se reconoce hoy como una de las principales amenazas para la salud humana y plantea riesgos tanto para las comunidades como para los sistemas de salud. En este contexto, los establecimientos de salud son esenciales para garantizar la continuidad de la atención en medio de emergencias climáticas y, al mismo tiempo, para adoptar medidas que aborden el problema de fondo vinculado a la dependencia del sector respecto a los combustibles fósiles. Estos desafíos pueden analizarse desde dos enfoques complementarios.
El primer enfoque corresponde a la mitigación climática, orientada a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. El sector salud tiene una huella de carbono significativa: si se lo considerara como un país, sería el quinto emisor más grande del mundo. Esta realidad exige que los establecimientos impulsen acciones de descarbonización que abarquen su infraestructura y operaciones, así como las cadenas de suministro que los abastecen, ya que en estos componentes se concentra la mayor parte de las emisiones.
El segundo enfoque es la adaptación a la crisis climática, necesaria ante la creciente evidencia de impactos adversos que afectan a la región. Estos cambios generan riesgos que comprometen la infraestructura hospitalaria, el funcionamiento diario de los establecimientos y la capacidad de mantener la atención a las comunidades. La manera en que el sector salud responda a estas presiones definirá su capacidad de seguir cumpliendo su misión en escenarios climáticos cada vez más exigentes.
Beneficios compartidos de la mitigación climática
A partir de la reducción de la huella de carbono del sector de la salud se logran importantes beneficios económicos y de salud.
En los últimos años el sector de la salud de todo el mundo ha visto cómo temblaban sus presupuestos por causa de la volatilidad de los precios de la energía. Con seguridad, el costo de los combustibles fósiles aumentará aún más en los próximos años; por eso, las medidas en torno de la conservación, la eficiencia y el uso de energías alternativas implicarán beneficios financieros a largo plazo.
Por otra parte, la combustión de los combustibles fósiles vinculada con el uso de energía en los edificios y el transporte genera no sólo los gases responsables del calentamiento global, como dióxido de carbono, sino además un conjunto de otros contaminantes que se suman a la carga ambiental de las enfermedades.
Los informes de la OMS documentan de qué modo la contaminación del aire, el agua y otras formas de degradación ambiental ya están siendo responsables por millones de muertes por año en todo el mundo, todos problemas que se agravarán si no se toman medidas para mitigar el cambio climático.
Por medio de la reducción de su huella de carbono, el sector de la salud en muchos países puede contribuir a mejorar la salud y condiciones de vida de las poblaciones de zonas con altos niveles de contaminación.
Por último, en muchos países se ha demostrado que poner el énfasis en la atención primaria de la salud reduce la necesidad de tratamientos en etapas posteriores, que requieren un uso más intensivo de recursos. Por medio de estrategias para la prevención de enfermedades, se reduce la necesidad de tratamientos más intensivos y junto con ello se reduce también la huella de carbono del sector de la salud. Esto, a su vez, crea un círculo positivo, reduciendo la carga de la enfermedad que genera el consumo de combustibles fósiles por parte de este sector.
En este sentido, al reducirse la necesidad de servicios de salud con uso intensivo de la energía, se puede considerar que la atención primaria y la prevención de enfermedades son formas de mitigación climática.
Adaptación a los impactos del clima
La adaptación a los efectos adversos del clima es un desafío urgente y cada vez más evidente para los establecimientos de salud. Fenómenos como inundaciones, olas de calor, incendios y tormentas extremas han aumentado en magnitud y frecuencia, poniendo en riesgo no sólo a la población, sino a la capacidad de los sistemas de salud de brindar atención oportuna y eficaz. Frente a este escenario, las instituciones de salud deben fortalecer su preparación, anticiparse a las amenazas y responder de manera organizada, garantizando que los servicios esenciales permanezcan disponibles incluso en momentos críticos.
Los hospitales y centros de salud que forman parte de la Red Global de Hospitales Verdes y Saludables han comenzado a liderar este camino de adaptación. Algunos han incorporado la medición de riesgos climáticos en sus sistemas de gestión de riesgos y ambientales, mientras que otros han invertido en mejoras de infraestructura para resistir eventos extremos o han optado por integrar la resiliencia en la planificación estratégica y en la cultura organizacional. Estas acciones muestran que la adaptación no es un esfuerzo aislado, sino un proceso integral que requiere combinar los aspectos técnicos, operativos y humanos.
Más allá de las paredes de los establecimientos de salud, la resiliencia climática también implica trabajar con las comunidades. Los hospitales que colaboran con actores locales fortalecen los lazos de confianza, generan conciencia sobre los riesgos y promueven respuestas colectivas frente a los desastres.
Orientaciones y recursos para actuar
Acción climática en salud
Trabajando en conjunto, podemos embarcarnos en el camino hacia una recuperación más saludable, más equitativa y más resiliente para las personas y el planeta.